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En la jungla del crédito hipotecario
Raúl Guillén*
La burbuja inmobiliaria estalló en España y dejó tras de sí bosques de grúas inmovilizadas, flamantes urbanizaciones fantasmas y centenares de miles de obreros sin trabajo. Y como telón de fondo, una multitud de familias entrampadas en préstamos bancarios que cada vez les resultan más difíciles de pagar.
La crisis no se pasea por las calles de Madrid, a pesar de que, sin ninguna duda, España es uno de los países más afectados por la recesión de la economía mundial. La vida sigue su curso. Pero los trabajadores despedidos, y aún más aquellos cuyos contratos temporales no han sido renovados, expresan de vez en cuando su cólera. También es cierto que hay que apretarse un poco el cinturón: “En los supermercados, el conjunto de las ventas ha caído 70%. Las únicas que aumentan son las de los productos de inferior calidad”, sostiene un empleado de un centro comercial. También hay menos gente en los bares a la hora del aperitivo, las terrazas son menos bulliciosas por la tarde y la noche madrileña es menos concurrida.
Los anuncios de “en venta”, ahora más numerosos en los balcones de los edificios, son testimonio de los cambios. Y basta echar una mirada a la vidriera de cualquier agencia inmobiliaria para verificar el derrumbe de los precios. En Aluche, un barrio popular, un departamento de 65 metros cuadrados (m2), ubicado en un tercer piso con ascensor, se vendía en 2006 a 240 mil euros. Tres años más tarde, las viviendas de este tipo se venden a 160 mil o 170 mil euros. Las empresas inmobiliarias han cerrado más de 40% de sus agencias desde 2007. Sin embargo, cuando se entra en alguna de ellas, los rostros son amables y sonrientes, ya que los negocios siguen. Ochenta y seis por ciento de los españoles son propietarios; todo un modelo para aquellos, como Nicolas Sarkozy, que quieren estimular el acceso a la propiedad como política de vivienda.
*Periodista, Madrid