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La economía social: ¿una respuesta al capitalismo financiero?
Yan de Kerorguen*
“Reconciliar la economía y la sociedad”… Este principio, grabado desde hace años en el frontón de la economía social, se está poniendo de moda. En un contexto de visible fracaso del capitalismo bancarizado, así como de las políticas que promueven el individualismo a corto plazo, el espíritu cooperativo, mutual o asociativo empieza a ser solicitado. Su concreta implementación por millares de empresas pone a la luz las paradojas de un modelo experimental de refundación del capitalismo en el cual coexisten productores solidarios y bancos de negocios.
Un banco social, el Shore, que introduce cambios para abrir el acceso al crédito a las poblaciones desfavorecidas de barrios de Chicago, Detroit o Cleveland; una sociedad cooperativa, Autocool, que propone un servicio de autos compartidos, accesible las 24 horas del día los siete días de la semana, gracias a una red de estaciones urbanas de proximidad. Un colectivo local que pone en marcha una cooperativa para acompañar proyectos de creación de almacenes solidarios en tres comunas del área metropolitana de La Périgourdine…
No cabe duda. Las empresas sociales y solidarias despiertan vocaciones. Los representantes políticos que por largo tiempo ignoraron, despreciaron o minimizaron su papel, relegándolas al rubro de “accidente histórico”, hoy les piden auxilio, especialmente en áreas como desarrollo duradero y solidaridad.
Una señal: la inauguración, el 12 de marzo, de una Escuela de la Empresa de Economía Social, en Marsella, primera en su género en Francia. Aunque las cifras todavía sean modestas, la evolución en el número de sociedades cooperativas obreras de producción (SCOP, por sus siglas en francés) señala, en Francia, una tendencia: se triplicó en ocho años (mil 950 SCOP en 2009).
*Cofundador de Place-Publique.fr, autor de La mer, le
prochain défi, editorial Gutenberg, 2009.