You are here: Home Ediciones 2009 Julio Las cuatro vidas del sandinismo

Las cuatro vidas del sandinismo

by lmdmx — last modified 2009-07-03 19:11

En momentos en que la palabra revolución hace su reaparición en América Latina, Managua celebra este 19 de julio el 30 aniversario del fin de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Después de haber llegado al poder por las armas en 1979, resistido la agresión estadunidense y haber estado en la oposición, el Frente Sandinista de Liberación Nacional volvió de nuevo al poder en 2006. Sin dejar de ser un partido de izquierda, su “pragmatismo” lo lleva a veces a extraños compromisos y el mando autoritario del presidente Ortega afectó su imagen

Hernando Calvo Ospina*

“No me rendiré y aquí los espero. Yo quiero patria libre o morir”. Fue la respuesta de Augusto César Sandino a la carta que le había hecho llegar el jefe militar estadunidense, instalado en Nicaragua, donde lo amenazaba de perseguirlo hasta la muerte si no deponía las armas. Para esa fecha, Nicaragua ya había sido objeto de varias invasiones de Estados Unidos, siendo la primera entre 1854 y 1856. El Reino Unido también trataba de apoderarse de su costa Atlántica. Ambas potencias consideraban ese territorio centroamericano esencial para la construcción de un canal interoceánico, que finalmente sería construido en Panamá en 1914.

Con el pretexto de ayudar a dirimir confrontaciones políticas y militares entre liberales y conservadores, el secretario de Estado estadunidense, Philander C. Knox, envió tropas en septiembre 1909, las que se quedaron hasta 1925. Al año siguiente, más de 5 mil marines volvieron a desembarcar, y permanecerían hasta 1933. La razón esgrimida en esa ocasión era que “agentes bolcheviques mexicanos” querían apoderarse de la nación.

Sandino era uno de esos “agentes”. Aunque se decía liberal, desde 1927 había tomado las armas no sólo para combatir al ocupante extranjero, al que catalogaba de “imperialista” y “banda de cocainómanos”, sino a la elite liberal-conservadora a la que señalaba de opresora, explotadora, racista y vende patria. “Sandino –cuenta el sociólogo Orlando Núñez–, retomó las ideas y la bandera rojinegra de los anarco-sindicalistas mexicanos, el pensamiento clasista del salvadoreño Farabundo Martí (1). En sus escritos dejó plasmada la necesidad de la integración latinoamericana, como lo había soñado Simón Bolívar, y la incorporación de indígenas a las luchas políticas, sin excluir la alianza con empresarios patriotas para enfrentar al imperialismo estadunidense”.

Hostigadas por las humildes guerrillas de Sandino, el General de Hombres Libres, las tropas invasoras se retiraron en 1933. Estados Unidos caía en la Gran Depresión, y mantenerlas resultaba muy costoso. Atrás dejaron organizada una Guardia Nacional dirigida por Anastasio Somoza, un militar formado en las academias estadunidenses. El 21 de febrero de 1934, Sandino, quien había aceptado una negociación con el gobierno nacional, fue detenido y asesinado al salir de una recepción ofrecida por el presidente Juan Bautista. Pocos años después, Somoza reconocería que el embajador estadunidense, Arthur Bliss Lane, había dado la orden.

Bajo la tutela de Washington se instauró la dictadura de la dinastía Somoza, que duró más de cuatro décadas: Anastasio (1936-1956), Luis (1956-1963) y Anastasio Jr. (1967-1979).

Sin embargo, las luchas de Sandino no cayeron en saco roto. En 1960, al calor de la Revolución Cubana y guiados por los idearios de Sandino, Carlos Fonseca Amador, Tomás Borge Martínez y otros intelectuales darían nacimiento al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Durante varios años, los éxitos de esta guerrilla serían muy modestos debido, principalmente, a la inexperiencia en la relación con la población rural. Casi paralelamente, y por causa de los abusos y la concentración de poder de la familia Somoza, totalmente sometida a los intereses estadunidenses, se fue produciendo el descontento de una fracción de la clase media alta.
 
Este sector calcula que una alianza con el FSLN le permitiría desembarazarse del dictador y recuperar los espacios perdidos o negados. Por su parte, los sandinistas ven que ese acercamiento podría facilitarles avances en su estrategia. La suma del movimiento de cristianos de la Teología de la Liberación, la Iglesia de los Pobres, fue decisiva en la lucha. Mientras la represión crecía, las espectaculares acciones militares del frente levantaban simpatías por el mundo. El gobierno de Jimmy Carter (1977-1981) no pudo seguir sosteniendo a los Somoza: la insurrección armada triunfó el 19 de julio de 1979.

 

*Periodista, autor entre otros de: “Colombia,
laboratorio de Embrujos. Historia
del terrorismo de Estado en Colombia”.
Foca-Akal, Madrid, 2008.

 


Copyright © 2008

Hecho con Plone