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Cercando a Venezuela

by lmdmx — last modified 2010-01-13 22:17

Ignacio Ramonet*

La llegada al poder en Venezuela del presidente Hugo Chávez, el 2 de febrero de 1999, coincidió con un acontecimiento militar traumático para Estados Unidos: la clausura de su principal instalación militar en la región, la base Howard, situada en Panamá, cerrada en noviembre de 1999 en virtud de los Tratados Torrijos-Carter (1977).

Las tropas acantonadas en Howard fueron reconcentradas en Puerto Rico. Pero un masivo movimiento local de protesta obligó al Pentágono a retirarse y a cerrar la gigantesca base de Roosevelt Roads, trasladando a sus efectivos a Texas y Florida y el Cuartel General del Comando Sur –SouthCom (1)– a Miami (2).

Para sustituirlas, el Pentágono eligió cuatro localidades estratégicamente situadas para controlar la región: Manta, en Ecuador; Comalapa, en El Salvador, y las islas de Aruba y Curazao (de soberanía holandesa). En estas bases, añadió a sus –por decirlo así– “tradicionales” misiones de espionaje nuevos cometidos oficiales (vigilar el narcotráfico y combatir la inmigración clandestina hacia Estados Unidos), y otras tareas encubiertas: luchar contra los insurgentes colombianos; controlar los flujos de petróleo y minerales; los recursos en agua dulce, y la biodiversidad. Pero desde el principio, sus principales objetivos fueron vigilar a Venezuela y desestabilizar a la Revolución Bolivariana.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el secretario de Defensa estadunidense, Donald Rumsfeld, definió una nueva doctrina militar para enfrentar al “terrorismo internacional”. Modificó la estrategia de despliegue exterior, fundada en la existencia de enormes bases dotadas de personal muy abundante. Y decidió remplazar esas megabases por un número mucho más elevado de Foreign Operating Location (FOL, Sitio Operacional Exterior) y de Cooperative Security Locations (CSL, Sitio Compartido de Seguridad), con poco personal militar pero equipados con tecnologías ultramodernas de detección, radares de última generación, gigantescas antenas satelitales, aviones espías (Orion C-130 y Awacs), “drones” de vigilancia (3), etcétera.

Resultado: en poco tiempo, la cantidad de instalaciones militares estadunidenses en el extranjero se multiplicó, alcanzando la insólita suma de 865 bases de tipo FOL o CSL desplegadas en 46 países (4). Jamás en la historia, una potencia multiplicó de tal modo sus puestos militares de control para implantarse a través del planeta.

En América Latina, el redespliegue de bases permitió que la de Manta (Ecuador) colaborara en el fallido golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el presidente de Venezuela. A partir de entonces, una campaña mediática dirigida por Washington empieza a difundir falsas informaciones sobre la pretendida presencia en ese país de células de organizaciones como Hamas, Hezbollah y hasta Al-Qaeda, las que dispondrían de“campos de entrenamiento en la isla de Margarita” (5).

Con el pretexto de vigilar tales movimientos, y en represalia contra el gobierno de Caracas que ha puesto fin, en mayo de 2004, a medio siglo de presencia militar estadunidense en Venezuela, el Pentágono renovó, en 2005, un contrato con el gobierno de los Países Bajos para ampliar el uso de sus bases militares en las islas de Aruba y Curazao, situadas muy cerca de las costas venezolanas, y donde recientemente se han incrementado las visitas.

Estos movimientos han sido recientemente denunciados por el presidente Chávez: “Es bueno que Europa sepa que el imperio norteamericano está armando hasta los dientes, llenando de aviones de guerra y de barcos de guerra las islas de Aruba y Curazao. El Reino de los Países Bajos tiene responsabilidad en esto (...) Estoy acusando al Reino de los Países Bajos –que es miembro de la Unión Europea, y quisiera ver qué dice la Unión Europea sobre esto– de estar preparando, junto al imperio yanqui, una agresión contra Venezuela” (7).

En 2006, se empezó a hablar en Caracas de “socialismo del siglo XXI”, nació la Alianza Bolivariana para las Américas (Alba) y Hugo Chávez fue relegido presidente. Washington reaccionó imponiendo un embargo sobre la venta de armas a Venezuela, con el pretexto de que Caracas “no colabora suficientemente en la guerra contra el terrorismo”. Los aviones F-16 de las fuerzas aéreas venezolanas se quedaron sin piezas de recambio.

Ante esa situación, las autoridades de ese país establecieron un acuerdo con Rusia para dotar a su fuerza aérea de aviones Sukhoi. Washington denunció un presunto “rearmamento masivo” de Venezuela, omitiendo recordar que los principales presupuestos militares de América Latina son los de Brasil, Colombia y Chile. Y que, cada año, Colombia recibe, en el marco del Plan Colombia, una ayuda militar estadunidense de 630 millones de dólares.

Desde ese momento, las tensiones se agudizaron. El primero de marzo de 2008, ayudadas por la base de Manta, las fuerzas colombianas atacaron un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia situado en el territorio de Ecuador. En represalia, Quito decidió no renovar el acuerdo sobre la base de Manta, que vencía en noviembre de 2009. Washington respondió, el mes siguiente, con la reactivación de la IV Flota (desactivada en 1948, hace 60 años…) cuya misión es vigilar la costa atlántica de América del Sur. Un mes más tarde, los estados del Cono Sur, reunidos en Brasilia, replicaron creando la Unión de Naciones Suramericanas y, en marzo de 2009, el Consejo de Defensa Suramericano.

Unas semanas después, el embajador de Estados Unidos en Bogotá anunció que la base de Manta sería relocalizada en Palanquero, Colombia. En junio, con el apoyo de la base estadunidense de Soto Cano, se produjo el golpe de Estado en Honduras contra el presidente Manuel Zelaya, quien había conseguido integrar a su país en la Alba. En agosto, el Pentágono anunció que dispondrá de siete nuevas bases militares en Colombia. Y en octubre, el presidente conservador de Panamá, Ricardo Martinelli, admitió que había cedido a Estados Unidos el uso de cuatro más.

De ese modo, Venezuela y la Revolución Bolivariana se ven rodeadas por nada menos que 13 bases estadunidenses, situadas en Colombia, Panamá, Aruba y Curazao, así como por los portaviones y navíos de guerra de la IV Flota. El presidente Barack Obama parece haber dejado manos libres al Pentágono. Todo anuncia una agresión inminente. ¿Consentirán los pueblos que un nuevo crimen contra la democracia se cometa en América Latina?

1. El United States Southern Command
(SouthCom) dirige todas las acciones militares
estadunidenses en América Central, América
del Sur y el Caribe.
2. John Lindsay-Poland, “US Military Bases
in Latin America and the Caribbean”, Foreign
Policy in Focus, Nueva York, agosto de 2004.
3. Laurent Checola y Edouard Pflimlin, “Guerras
a control remoto”, Le Monde diplomatique,
edición Cono Sur, Buenos Aires, diciembre
de 2009.
4. Chalmers Johnson, “Ten measures to liquidate
the U.S. military bases”, Asia Times, 4-8-
09, www.atimes.com/atimes/ Middle_East/
KH04Ak01.html
5. Martin Arostegui, “From Venezuela, a counterplot”,
Insight Magazine, Washington, 3-4-
03.
6. Eva Golinger, “Más de 100 buques de guerra
de Estados Unidos. han ‘visitado’ Curazao en
un año”, Rebelión, 19-12-09, www.rebelion.
org
7. Discurso en el Encuentro de la Alba con los
Movimientos Sociales de Dinamarca, Copenhague,
17-12-09.

 

*Director de Le Monde diplomatique,
edición España.
© Le Monde diplomatique, edición
España

 


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