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El conflicto en el cine

by lmdmx — last modified 2010-01-13 22:46

Josefina Sartora*

El cine israelí se ha constituido hoy en la tribuna de aquellos que sostienen una posición distinta
de la oficial acerca de la cuestión palestina, y varias películas denuncian los abusos cometidos
con los palestinos que viven en los territorios ocupados.

Gracias a los festivales de cine podemos acceder a una serie de películas israelíes de notable sentido crítico, ya que son pocas las que consiguen ser estrenadas comercialmente en Argentina.

La más sorprendente es Waltz With Bashir, dirigida por Ari Folman. Palma de Oro en Cannes, premios César y Globo de Oro, laureada en Israel, esta rara avis del documental en primera persona relata la investigación que el director lleva a cabo para rescatar del olvido, que tanto él mismo como sus contemporáneos padecen, los hechos más lamentables de la invasión de Israel al Líbano en 1982. Folman había eliminado de su memoria la experiencia de la guerra, en la cual participó siendo muy joven, y perturbado por ese vacío inicia un viaje casi fantasmal de recuperación de sus recuerdos, en un proceso terapéutico. Lo más original de la película radica en el uso de técnicas de animación, casi nunca asociadas al documental, que recrean admirablemente la confusión, la niebla distorsionada del olvido, la alucinación evocativa, las pesadillas recurrentes. El director entrevista a varios compañeros veteranos de aquella campaña, que también han bloqueado su memoria, como un mecanismo de defensa. Valiéndose de imágenes oníricas, fragmentarias, inconexas –como lo es todo viaje hacia la recuperación del recuerdo reprimido– que mezclan realidad y fantasía, los personajes van recuperando las vivencias de su incursión en Beirut. Era septiembre de 1982, poco después del asesinato del presidente electo libanés Bashir Gemayel, líder de las milicias cristiano-falangistas aliadas a Israel. Folman y sus compañeros pertenecían a las Fuerzas de Defensa israelíes que controlaban el campamento de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, y permitieron el ingreso de las milicias falangistas en busca de terroristas. Allí se produjo, con su connivencia, durante tres días, la masacre de unos 3 mil palestinos, niños, mujeres y hombres, en venganza por el magnicidio. El filme establece el paralelo entre la conducta de los soldados israelíes y la de los nazis en los campos de concentración. Combina la estética con la intención moral, hasta que al final deja de lado toda subjetividad y el artificio de la animación y pasa a tomas reales de los miles de cadáveres abatidos en la masacre.

 

*Crítica de espectáculos.


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