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Medio Oriente en América del Sur
Ignacio Klich*
En el transcurso de unas semanas, los presidentes de Israel, Irán y la Autoridad Palestina visitaron en noviembre pasado las principales capitales de Sudamerica en busca de reconocimiento y apoyo para sus respectivas políticas, en gran medida contrapuestas. Se trata de un acercamiento inédito, no exento de matices y contradicciones, en el que se mezclan objetivos geopolíticos e intereses comerciales, en línea con la emancipación de la región de la tutela estadunidense.
Como nunca antes, en el pasado mes de noviembre se vivió un intento de acercamiento sin igual entre destacados jefes de Estado de Medio Oriente y América del Sur. Con metas afines, aunque desde posiciones diametralmente opuestas o contrastantes, los presidentes de Israel, Irán y la Autoridad Palestina recalaron en Brasilia, y el israelí Shimon Peres y el palestino Mahmud Abbas visitaron luego Buenos Aires. Abbas estuvo asimismo en Chile, país que recibió recientemente un centenar de refugiados palestinos, y agregó a su itinerario una parada imprevista en Venezuela. Caracas también recibió al primer mandatario iraní, Mahmud Ahmadinejad, proveniente de La Paz, donde hizo escala tras su estadía en Brasil.
Los tres visitantes buscaban asegurarse, entre otros objetivos, el apoyo sudamericano para sus principales
causas: la resolución del conflicto palestino-israelí y las secuelas de las ambiciones nucleares iraníes.
Parte de esa solución, la creación de un Estado palestino, ya fue aprobada por la Organización de Naciones
Unidas (ONU) en 1947, con un mayoritario apoyo latinoamericano al plan de reparto de Palestina entre un
Israel independizado en mayo de 1948, y una república palestina que todavía resta concretar, entre otras razones,
debido al rechazo árabe a la partición. Una república tal, en paz con Israel y con una geografía cercana
a la de 1967 –menor a la de la partición– es la meta de una fracción de los israelíes, incluso en su gobierno.
Pero la negociación palestino-israelí está en punto muerto debido al impune incumplimiento, mayormente
israelí, de la Hoja de Ruta fijada por Estados Unidos, la Unión Europea (UE), Rusia y la ONU; el deseo de la
actual coalición gubernamental israelí de negociar sin precondiciones, conciliando la búsqueda de paz con la
expansión de las colonias en los territorios ocupados; el conflicto entre Fatah y Hamas, y la negativa por parte
de Estados Unidos de otorgarle a este asunto la prioridad y el tiempo invertido por el entonces presidente
James Carter para lograr la paz egipcio-israelí.
Con esas coordenadas, la gira de Abbas arrancó cuando flotaba en el aire la posibilidad de que Estados Unidos
y otros países –incluso latinoamericanos– reconociesen a una Palestina independiente, aun cuando carezca de
algún atributo esencial para un Estado, como el control de fronteras definidas. Antes de concluido el viaje,
empero, ya se sabía que Abbas, sin cartas para neutralizar la oposición israelí a esa independencia y carente de
luz verde de Washington, se abstendría de proclamarla.
*Historiador. Compilador de Árabes y judíos en
América Latina, Siglo XXI Iberoamericana, Buenos
Aires, 2006; y (junto a Cristian Buchrucker) de
Argentina y la Europa del nazismo. Sus secuelas, Siglo
XXI Iberoamericana, Buenos Aires, 2009.